miércoles, 18 de agosto de 2010

Del transfuguismo al borocotismo

El 23 de octubre de 2005 Eduardo Lorenzo, Borocotó, ganaba una banca en la Cámara de Diputados Nacional por el partido Propuesta Republicana (PRO). Como la imagen bien lo muestra, secundaba a Mauricio Macri y Paula Bertol en una lista con un posicionamiento político claro: en las antípodas del gobierno nacional, en ese entonces liderado por un popular Néstor Kirchner.

Pero el hombre que incluyó el sobrenombre del padre, Borocotó, en su apellido poco sabia de griegos, y geografía antigua. Evidentemente, para él antípodas era el nombre de un animal bonito, al estilo Bambi, o de un bar porteño. Mucho menos habrá sabido de ideologías, pues Macri y Kirchner son bien distintos. Quizás incapaz de identificar las diferencias, quizás arrepentido del espacio político conquistado, o tal vez un poco de cada cosa, lo cierto fue que el 10 de diciembre de ese mismo año, Borocotó anunció la creación de su propio bloque político, unipersonal por cierto, y aliado al kirchnerismo.
La decisión del médico mediático causó un escándalo en las respetables filas opositoras y una sonrisita picarona dibujada en los aliados K. Concentró, además, la atención de los medios por mucho tiempo, tan atento ellos a cuidar de Macri. Pero, además, ganó las calles y, desde ese ámbito, se coló en el lenguaje. Ahora, el transfuguismo, la verdadera palabra que designa a aquellos que cambian de bando, se llama borocotear.
Vaya orgullo.

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